miércoles, 28 de noviembre de 2012

El centésimo mono

(publicada en Agencia NAN)


Buenos Aires, noviembre 20 (Agencia NaN-2012).- Una puerta con su marco se yergue por sí misma, solitaria, en un sector vacío del espacio. Punto de partida, invitación al pensamiento mágico. Habitación 33. ¿Hotel? ¿Hospital? ¿Fiesta de quince o quirófano de urgencia? La propuesta anuncia desde el vamos el territorio de ambigüedad, de incerteza onírica, en el que se despliega la elaborada imaginería escénica que da pie a las reflexiones poéticas y metafísicas que insuflan la obra. Tres magos-actores-relatores, personajes que al parecer no se ven ni se escuchan, pero ciertamente se perciben. Cada uno de ellos atravesará esa puerta en diferentes momentos para dirigirse directamente a la platea, al público real, como portavoces del sentido de lo que se juega detrás; treinta y tres, cuenta regresiva, anestesia total...  ¿cuál es el vínculo misterioso entre la magia y la muerte? Ese es el disparador de El centésimo mono (jueves a las 21 y viernes a las 20 en La Carpintería, Jean Jaures 858).

sábado, 29 de septiembre de 2012

Los lindos





Los lindos
por Juan Manuel López Baio
29.septiembre.2012

SiLos lindosremite por anticipado a una condición o una categoría, o en todo caso a un cierto recorte socio-etario contemporáneo, ¿qué estarían afirmando acerca de él los cuerpos que nos encontramos en el espacio de la representación? El relato de estos cuerpos calientes y tristes, aburridos y con mala conciencia, no admite marco chochiológico previo que lo valide como una didáctica escénica o tesis del esplín pequeñoburgués. Nos coloca más bien en el momento anterior, acotado pero mucho más interesante (en términos teatrales, que de eso se trata), del experimento, que en este caso consiste en la experiencia compartida de un fracaso: la imposibilidad de trascender la propia banalidad.

Un terapeuta escritor, una actriz, una socióloga y un cineasta. Cuatro amigos, compañeros de ruta que arrastran las marcas vergonzantes de una anónima adolescencia compartida. La escena es el centro de la habitación, un sillón, una mesita con el kit whyskero y otros pocos elementos denotan el ámbito doméstico de los personajes; el público rodea a los intérpretes en un cercano perímetro de sillas. La extrema proximidad y el uso cálido de luces tenues instalan de inmediato una gran intimidad.

lunes, 6 de agosto de 2012

Las criadas

(publicada en Geoteatral)

El clásico de Jean Genet llega al circuito oficial del Complejo Teatral de Buenos Aires (en producción asociada con Bultrach y Kompel) con toda la carga transgresiva del autor de una vida atribulada y comprometida, que supo consustanciar con su obra. La historia de Solange y Clara, las criadas que confabulan y traman el asesinato de su cruel Señora, déspota sensual y raíz de su miseria; mientras sin cesar juegan el peligroso juego de transformarse en ella, asumir su rol, usurpar fugazmente la vida que no les corresponde.
Ciro Zorzoli eleva la apuesta: sobre una obra que ya desde el texto se propone mostrar los mecanismos de la representación y de la mímesis, tentando expectativas equívocas sobre el espectador y manteniéndolo en constante vilo, el director asciende un escalón más al construir un encuadre meta-teatral en donde lo que vemos lo vemos en su calidad de representación escénica. Este procedimiento lo habíamos disfrutado en su producción anterior, Estado de ira (montaje sobre textos de Hedda Gabler, de Ibsen), pero a diferencia de aquélla, donde dicho encuadre consiste en el relato de una compañía de teatro en proceso de ensayos, aquí no hay, por fuera del texto base de Genet, relato anecdótico alguno, sino la sugestiva presencia del teatro en sí mismo, visibilizado como tal
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Cliff (Acantilado)

(publicada en Geoteatral)

Sobre una pantalla a foro se proyectan imágenes en blanco y negro, un rostro de otro tiempo y otro lugar. Al centro una silla, una mesa con pocas cosas; un whisky, una cámara, un libreto; indicios. Alguien se asoma, emerge de los fondos de la sala…
¡Cómo puedo no ser Montgomery Clift!, se pregunta el hombre de pie frente a la platea, a poco de comenzar el espectáculo. Pregunta que parece ser la premisa en base a la cual la obra despliega una indagación sobre los límites y el valor de la identidad, a partir del doloroso tránsito de su protagonista. El texto de Alberto Conejero retoma la biografía real de la estrella de Hollywood Montgomery Clift (galán cinematográfico, compañero de ruta de artistas como Marlon Brando y Elizabeth Taylor, que a su vez son personajes convocados por “Monty” en el transcurso de la obra) para condensar en forma bella y cuidadosa sus últimos diez años de vida, a partir del cruento accidente de auto que lo dejó marcado física y emocionalmente. Un accidente que lo llevaría a replantearse su vínculo con la industria del cine de oro norteamericano y la permanente presión que esta industria ejercía sobre su vida personal y su propia vocación artística y actoral
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lunes, 25 de junio de 2012

Un poyo rojo

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por Juan Manuel López Baio
25.junio.2012

Se habla con frecuencia en nuestro medio del “cruce de disciplinas”, esa amalgama de flujos diversos que la modernidad tardía celebra y propicia. En las artes performáticas que se proponen explícitamente esta meta nos encontramos a veces con resultados interesantes, llamativos, heteróclitos, incluso cautivantes, pero de los que no podemos dejar de visualizar (más o menos disimuladas según la estética) las costuras por las cuales esa heterogeneidad de lenguajes ha dado en organizarse de alguna forma presumiblemente nueva. Costuras que evidencian un origen ideológico, una voluntad conceptual de orden y posicionamiento a priori, que no se corresponden con el acontecimiento del hallazgo, en el magma de lo caótico, del elusivo pez dorado... por utilizar una de las tantas imágenes poéticas que refieren al misterio último del arte como aventura del espíritu (si me disculpan el exabrupto de lirismo). Pienso que tal vez este sea un obstáculo ineludible, de época, en lo que de todos modos sea, en ciertos casos, una búsqueda genuina.

Desde esta perspectiva Un poyo rojo aparece como un feliz descubrimiento. Sin grandes aspavientos, la obra se presenta a sí misma con sencillez, como lo que es: teatro físico. Pero, ¿qué significa exactamente esto? Partamos de algunas observaciones, no para llegar a una respuesta, sino para cargar de sentidos la pregunta.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Las Bridas





por Juan Manuel López Baio
24.agosto.2013

Más allá de las problemáticas posmodernas respecto al fin de los géneros (del autor, la historia, y de otros tantos casilleros), el terror como territorio específico nos acompaña por lo menos desde los inicios del relato oral, allá en la bruma de nuestros comienzos. Pero, habiendo dejado su huella más o menos profunda en todas las artes, es en el siglo XX y en el lenguaje del cine, donde la producción cristaliza una serie de procedimientos que lo llevarán a su máxima popularidad, producto de masas en sus más altas y decadentes expresiones. El suspenso, templado hasta la arista insoportable que conduce al espanto y la convulsión, se construye en él a partir de una meticulosa arquitectura de planos detalle, secuencias vertiginosas, bandas sonoras sugestivas, bruscas elipsis y efectos cinematográficos de todo tipo, y adquiere allí su carácter específicamente moderno. El desafío es intrigante: ¿cómo convocar ese oscuro desasosiego contandosólo con la presencia continua de unos cuerpos en el espacio?

Las Bridas se mete sin previo anuncio en ese agujero tenebroso y apuesta por reencontrar sobre el escenario el hilo rojo de nuestros miedos atávicos. La anécdota es sencilla: una familia, casa de campo en un pasado no muy lejano, las tres hermanas (Elizabeth, Angelita y Teresita) cuidan del Tata postrado, realizan tareas rurales, rezan a la luz de las velas. La llegada de dos extrañas mujeres (Amalia y Amelia) en medio de la noche será el comienzo de un movimiento pavoroso hacia las regiones sombrías donde el Mal se manifiesta. Ritos antiguos, siniestros arcanos, posesiones demoníacas... la destrucción se cierne, implacable, sobre la humilde morada.

domingo, 6 de mayo de 2012

Salomé de chacra



por Juan Manuel López Baio
06.mayo.2012

In media res, exclama el Gruinguete a viva voz al comenzar la obra. Voz viva y extraña, nasal, temblorosa, con grumos, como si la faena cruenta del peón, ejecutada sin descanso, se hubiera consustanciado con su ser al punto de chorrearse por sus entonaciones y movimientos espasmódicos. In media res, dice, y en una frase tan simple sintetiza la feraz transposición de la tragedia bíblica a la pampeana, de la res filosófica a la bovina. Corifeo que prologa la acción para inmediatamente tomar parte decisiva en mitad de la cosa.

¡Y vaya cosa! Los pesados portones de chapa de esta chacra de perturbado ensueño son abiertos por el Gruinguete para presentarnos a Herodes, el chacarero, Cochonga, su mujer y viuda de su finado hermano el Aaroncito, y Salomé, la hija de Cochonga y sobrina de Herodes, recién llegada al lugar. Y al abrirse los portones lo primero que salta y se zambulle directo en nuestras retinas es la filigrana cromática de una escenografía que abreva en los matices herrumbrosos y oscuros del fierro viejo y el despliegue de saturados rojos, azules y amarillos propio de la santería popular gauchesca, construyendo con una miríada de objetos y detalles el enclave donde la hybris, ardiente flor de una noche, puede aparecer.