lunes, 11 de marzo de 2013

La mujer puerca


(publicada en Geoteatral)

“Puerca. Sos puerca”. Con una sonrisa enigmática y serena la mujer nos repite así las palabras con que su tía la amonestaba durante su niñez. A falta de una madre, fallecida durante el parto (“Cuando yo llegaba ella se iba, ¡ni nos vimos!”), y de un padre casi ausente, incapaz de hacerse cargo, aquella niña terminaría bajo la tutela de su implacable tía, administradora de una severa educación religiosa con ribetes místicos y dogmáticos. Es el período de los inciertos milagros de pueblo, de los sermones dominicales, del descubrimiento de los hombres y sus pitos, la manía de sus primos por mostrárselo (los de la punta; Mariano, el del medio, ese no, ese era bueno). Hoy aquella niña es una mujer adulta, marcada por la vida pero no en la superficie de su piel. “Pura cicatriz interna”, nos dice. No se ve, pero igual pica. Igual duele.

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